Del Evangelio según la Migración

Las Posadas por Diego Rivera, circa 1953, Ciudad de México
Las Posadas por Diego Rivera, circa 1953, Ciudad de México

por Luis Beteta 

Capítulo Inicial

Aconteció en aquellos días, bajo el primer año del 119º Congreso de Estados Unidos, que salió un edicto del gobernante, para que todo inmigrante sin papeles fuese buscado y deportado. Este fue el primer edicto de muchos que vendrían. Iban, pues, todos a inscribirse en sus ciudades, mas los que no tenían ni donde ir ni papeles, huían a las sombras, y el miedo se extendía sobre ellos. 

También subían de los países del sur, de oriente y de occidente, familias enteras a la tierra de promisión que es Estados Unidos, para pedir refugio, con sus hijos pequeños y con esperanza, pues no había para ellos lugar en su propia tierra, a causa de la violencia y el hambre y la extrema pobreza. 

Sucedió que, mientras estaban allí, se les cumplieron los días de su angustia, y no había lugar para ellos en las oficinas de asilo, ni en las fronteras, porque la ley se había endurecido.  

Y dieron a luz su esperanza, y la envolvieron en mantas de sueños, y la acostaron en el suelo de centros de detención, porque no había para ellos lugar en la posada de la nación.  

El mensaje a los defensores

Había pastores de almas en la misma región, sacerdotes, rabinos y gente de buena voluntad, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su grey. Y he aquí, se les presentó un mensajero de la conciencia, y la luz de la solidaridad los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el mensajero les dijo: «No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo de buena voluntad: Abran los ojos y descubran que Jesús está escondido en cada uno de ustedes, especialmente en los más pequeños y desprotegidos y la solidaridad y la esperanza habrán nacido de nuevo y la dignidad humana será enarbolada como una bandera.

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La procesión de las Posadas de hoy 

Sucedió que cuando los mensajeros se fueron, los pastores de almas dijeron los unos a los otros: «Pasemos, pues, hasta los centros de detención y hasta las marchas de protesta, y veamos esto que ha sucedido, y que la conciencia nos ha dado a conocer».  

Y vinieron de prisa, y hallaron a las Marías y los Josés de hoy junto a sus pequeños, rodeados de gente de buena voluntad, jóvenes valerosos, personas mayores, madres y padres de familia trabajadores, párrocos, monjitas activistas y abogados de toda raza y color. 

Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca de estos niños. Y todos los que lo oyeron, se maravillaron de lo que los pastores de almas les decían. 

Mas María guardaba todas estas cosas en su corazón, preguntándose cuánto deberían sufrir sus hijos por nacer en un tiempo de desprecio. 

Entonces, los pastores de almas se volvieron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, como se les había dicho. Y tomando la tradición antigua de las Posadas, que se celebra en diciembre, hicieron de ella un canto de protesta y de esperanza.  

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El canto de la posada del migrante

Y salió la procesión, llevando las figuras de los peregrinos, y fueron a la puerta de la corte de leyes, y comenzaron el canto, como es la costumbre desde tiempos antiguos:

Los Peregrinos (Afuera)

En el nombre de la humanidad, 

os pedimos posada, 

pues no puede ya andar 

 mi esposa amada. 

La Voz del Edicto (Adentro)

Aquí no es mesón, 

sigan adelante, 

no les puedo abrir, 

no vaya a ser un tunante.  

Y los peregrinos volvieron a cantar, diciendo: 

No sean inhumanos,

dennos caridad,

que el Dios de los cielos

se lo premiará.

Mas la voz desde dentro respondió con dureza: 

Ya se pueden ir,

y no molestar,

porque si me enfado,

los voy a apalear.

Entonces José, con la voz cansada, dijo:

Venimos rendidos

desde el Triángulo Norte.

Yo soy campesino de tu tierra,

de nombre José.

Pero la voz fue inexorable, y replicó:

No me importa el nombre,

déjenme dormir,

pues que ya les digo

que no hemos de abrir.

El reconocimiento y la esperanza

He aquí, que entonces, los pastores de almas y la gente de fe que velaban en la ciudad tomaron el lugar de los posaderos. Y uno de ellos dijo a los que estaban dentro: «El mensaje es claro: no podemos aceptar las cosas como están. Respondamos a la crueldad con valentía, al odio con amor».

No sólo estamos llamados a predicar la justicia, sino a encarnarla».

Y en ese momento, la voz desde dentro cambió, y con dulzura reconoció:

¿Eres tú José?

¿Tu esposa es María?

¡Entren, santos peregrinos,

los queremos recibir!

esta lucha es de todos,

les vamos a acoger.

¡Agradezcamos con alegría!

¡Con fe y determinación!

que la ley cambiar debe,

con compasión y razón.

Y al entrar los peregrinos en la protección de la comunidad, todos cantaron juntos: 

Dichosa la casa

que abriga este día

a la virgen pura,

la hermosa María.

Entren, santos peregrinos,

reciban este rincón,

que, aunque es pobre la morada,

os la doy de corazón.

Pues, así como en el relato antiguo no hubo lugar en la posada, hoy la ley no ofrece refugio. Mas he aquí que el verdadero mesón no es la ley del hombre, sino el corazón de la comunidad que se resiste con amor, canta con fe, y abre sus puertas, creando la posada permanente donde la dignidad puede, por fin, nacer.